DISCURSO DEL MINISTRO DR. HUGO R. SUÁREZ CALBIMONTE EN HOMENAJE DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA AL DR. LUÍS PAZ ARCE EN EL DÍA DEL JUEZ
(25.07.08)
La Exma. Corte Suprema de Justicia de la Nación, mediante Acuerdo de Sala Plena No. 16 de 18 de junio de 2008, ha tenido a bien apoyar la iniciativa propuesta por el suscrito ministro que representa al Distrito de Tarija, de rendir un nuevo y justo homenaje al gran jurisconsulto boliviano Dr. Luís Paz Arce, nominando al Salón neoclásico de “Los Espejos”, con el nombre de tan egregia y alta figura para la justicia boliviana, a cuyo efecto me encomendó ofrecer unas palabras en este memorable acto que recordamos el Día del Juez.
No podía ser más propicia la fecha del “Día del Juez”, para rendir reverencia a tan notable personalidad que en su paso por esta vida, dejó una profunda huella en todas las actividades que desempeñó en los tres poderes del Estado, con un impresionante sello multifacético, al respecto el notable escritor e historiador Dn. Federico Ávila y Ávila, al referirse a Dn. Luís Paz decía: “Parece haber querido abarcarlo todo, desde la fría, solemne y trágica rigidez del jurista hasta las tendenciosas, apasionadas, apologéticas actitudes del ingenuo creyente; desde la delimitada, seria y parca situación del historiador, hasta la augusta majestad del que dirime contiendas y es juez y arbitro de la opinión….” “Desde el encumbrado sitial del magisterio, hasta el trajín convulsivo y monorrítmico del periodista, desde la cumbre serena y pura del sembrador, de una amplia y científica doctrina, hasta la ciega, dogmática e intransigente posesión del polemista; desde la pontifical tarea del brujuleador de pueblos y director máximo de corrientes de opinión, hasta la pura labor autobiográfica del literato” Lo describe como “…escritor, publicista, historiador, biógrafo, jurista, profesor, creyente, crítico, polemista, político, diplomático, literato y periodista, que ha brillado en cada una de estas actividades, dejando una estela luminosa que sirve de ruta a las generaciones presentes y futuras.”
Que difícil tarea la de resumir en un discurso de minutos, tanta obra y tan proficua producción, cantidad y calidad resumidas en una sola persona; Dn. Luís Paz Arce, sin duda, un hombre íntegro que ha logrado una alta y esforzada formación intelectual, conjugando un profundo saber científico con una formación moral, fruto del ejemplo de su ilustre familia y su constante práctica religiosa.
Por décadas ha guardado mi familia documentos impresos, cartas, mensajes y escritos que hacen a la figura del gran Luís Paz Arce. De esas joyas documentales me he servido para establecer una reseña que de una manera sucinta muestre la talla del hombre público y particularmente del ex presidente y magistrado supremo que supo dejar huella profunda en el Poder Judicial.
Dn. Luís Benedicto Paz Arce nació un 19 de agosto de 1854 en la ciudad de Tarija. Su padre el argentino Paulino Rafael María Paz Baygorri fue gran combatiente en la Argentina contra la tiranía de Rosas; esa fue la causa de su emigración hacia Bolivia y su radicatoria en la ciudad del Guadalquivir desde el año de 1850. El doctor Paulino Rafael María Paz Baygorri fue descendiente del gran héroe americano, prominente militar de la independencia, Brigadier General José María Paz.
Dn. Paulino contrajo nupcias con Dña. Genoveva Arce Trigo el año de 1853; Dn. Luís fue el primogénito de los cinco hijos que nacieron del matrimonio Paz Arce. Cuando Dn. Luís contaba con tan solo 10 años de edad sus padres decidieron brindarle la mejor formación académica, por lo que lo trasladaron a la ciudad de Sucre.
En esta ciudad formó su espíritu y pensamiento desde la escuela elemental, aquella que regentaba el maestro alemán Francisco d’Avis, para luego destacar como mejor alumno del Seminario Conciliar de La Plata, dirigido por el Padre Francisco Murga. El año 1870, las aulas universitarias recibieron al joven en la Facultad de Derecho; facultad en la que se formaron personalidades como Tomás Frías, José María Linares, Narciso Campero, Mariano Baptista, Severo Fernández Alonso, Ruperto Fernández, Antonio Quijarro, Belisario Boeto, Juan Misael Saracho, Daniel Calvo, Modesto Omiste, Santiago Vaca Guzmán, Tomás O’Connor D’Arlach y otros. Allí su personalidad brilló, su talento destacó y se mostró como el mejor alumno universitario de Charcas. A la tierna edad de 20 años se recibió como abogado jurando ante la Corte Superior de Chuquisaca un 22 de octubre de 1874.
Si bien en las aulas universitarias alcanzó el conocimiento de las doctrinas más avanzadas de la ciencia del Derecho, al mismo tiempo, en ellas forjó la ideología y la convicción de sus ideas políticas adversas al Liberalismo. Fue seguidor leal de José María Santiváñez Gumucio, hombre de inalterables principios republicanos, de conducta irreprochable, personalidad que se destacó en el siglo XIX.
Si bien desde 1826 hasta 1845 la Universidad de Charcas estuvo profundamente influenciada por el pensamiento de Destutt de Tracy, discípulo de Condillac, quien a su vez fue discípulo de Locke, por las ideas que expresaba, fue motivo de conflicto y polémica con la Iglesia Católica. Por lo que la intelectualidad conservadora boliviana, apoyada por la Iglesia, logró establecer en la Universidad charquina las ideas filosóficas de profunda influencia religiosa que habían surgido en Europa.
Se impuso el Eclecticismo de Víctor Cousin, que en lo sustancial se funda en el reconocimiento de la moral como único modo para alcanzar una verdad universal. Cortés señalaba que debía existir una relación estrecha entre la filosofía y la religión y que la razón, don otorgado por el creador, era un poderoso instrumento para examinar la fe, otro don creado por Dios.
Esa fue la corriente filosófica y política que animó el espíritu del joven Luís Paz y esa fue la inspiración permanente de su pensamiento. Desde muy joven se afilió al Partido Constitucional que, por aquellos años, liderizaba Tomás Frías, seguido de Adolfo Ballivián, Daniel Calvo, Mariano Baptista, Monseñor Miguel de los Santos Taborga y otros.
Apenas concluyó su formación académica volvió al seno de su hogar en Tarija. El novel abogado inmediatamente fue elegido munícipe y defensor de reos. En 1875 fue designado Juez Instructor y Agente Fiscal de Tarija.
Profundamente católico combatió toda propuesta liberal. Desde muy joven conoció la cárcel, el destierro y la violencia política de sus adversarios. Sin embargo de las afrentas, nunca desmayó en su línea política conservadora. Entendió en el quehacer militante que la mejor herramienta de difusión de las ideas era el periódico, por lo que fundó en Tarija el órgano de prensa “El Trabajo” que tuvo cuarenta años de vigencia. Igualmente fue parte de otros medios de prensa en el país. En la ciudad de Sucre su nombre se inscribió en las páginas de los periódicos “La Industria” y “La Capital”. Esos añejos papeles guardan para la historia sendos artículos del doctor Luís Paz Arce.
Desde la prensa escrita fustigó a sus adversarios, defendió con vehemencia las doctrinas políticas y religiosas que guiaban sus actos.
Guardando coherencia cronológica, debo señalar que en 1877 fue designado profesor de Filosofía e Historia del ilustre Colegio Nacional San Luís de Tarija, así como catedrático de primero y cuarto año de la facultad de Derecho. Entre 1878 y 1879, publicó un libro sobre Derecho Penal, obra que mereció muchos halagos por las avanzadas doctrinas y principios jurídicos que brindaba.
En 1880 dejó la actividad docente para cumplir la función de Fiscal de Partido, cargo que desempeñó hasta 1881, año en el que decidió participar activamente en las elecciones como candidato a Diputado por Tarija. Una vez elegido, mostró en el parlamento sus dotes de orador. Destacó como ninguno en la palestra legislativa durante cuatro períodos.
En 1883, el Poder Judicial convocó al joven profesional al ser elegido Vocal de la Corte Superior de Tarija, sin embargo, decidió continuar ejerciendo las funciones de Diputado Nacional.
Fue elegido en 1884 Munícipe y al mismo tiempo nombrado Presidente del Honorable Concejo Municipal de Tarija. El ex diputado mostró en el gobierno local gran talento y capacidad para la administración comunal.
En 1886, nuevamente desempeñó tareas académicas como primer Cancelario de la Universidad de Tarija, nombrado por el Presidente Dn. Gregorio Pacheco.
En 1887, el mismo presidente Pacheco ordenó la participación del Dr. Luís Paz Arce en la Comisión de Investigación de Estudios Históricos y Geográficos de la República con referencia a sus límites internacionales.
Conviene igualmente señalar que durante las campañas electorales de 1884 y 1888, el Dr. Aniceto Arce lo nombró su secretario privado. Siendo Presidente Aniceto Arce, nombró en 1888 al doctor Luís Paz Prefecto y Comandante del Departamento de Tarija, cargo que desempeñó hasta 1892. Ese mismo año fue elegido Senador por el Departamento de Tarija para el período 1892-1898.
Sin embargo de su elección parlamentaria, desde 1892 a 1896 desempeñó las altas funciones de Ministro de Gobierno del Presidente Mariano Baptista Caserta. El doctor Luís Paz Arce, por sus dotes, talento y formación mereció de los dos fundadores del Partido Constitucional o también llamado Conservador, Mariano Baptista y Aniceto Arce, designaciones de gran importancia.
El magistrado e historiador Aníbal Calvo señalaba lo siguiente:
“En nuestra agitada historia democrática, ningún estadista fue tan combatido como Paz durante los cuatro años del Gobierno de Mariano Baptista; pocos hombres públicos como él habían surgido con mayor brillo y renombre dentro de la tempestad de las pasiones. Interpelado varias veces, calumniado otras, siendo siempre el blanco de la intriga opositora, su figura se presenta cada vez más grande, permaneciendo él inconmovible, conservando en todo momento el prestigio de su autoridad, presentándose siempre altivo y majestuoso en medio de la borrascosa tempestad de pasiones que lo acosaban”.
En agosto de 1896, cuando asumió el mando del país Severo Fernández Alonso, el doctor Luís Paz volvió al Poder Legislativo para cumplir las funciones de Senador por Tarija.
En 1897 fue nombrado Ministro Plenipotenciario ante el Gobierno de los EE.UU. y en 1899 Ministro Plenipotenciario ante la Santa Sede.
Volvió a Bolivia justo en el momento en que estallaba la llamada Revolución Federal; inmediatamente protestó contra esa arremetida liberal y luego de cruenta lucha, el 10 de abril de 1899, cayó en Paria el régimen constitucional luego de quince años de administración estatal.
En esas terribles circunstancias, el Partido Constitucional decidió declarar Jefe Nato a Dn. Luís Paz Arce, cargo que desempeñó con tenacidad, firmeza y mucha valentía.
Luego de iniciar el siglo XX con encarcelamientos, destierros obligados y una vía crucis familiar, en 1904 Dn. Luís Paz organizó en la ciudad de Sucre la Convención Nacional del Partido Constitucional, nombrando presidente del alto evento político al doctor Aniceto Arce. La militancia constitucional decidió en la convención concurrir a las elecciones electorales nombrando candidatos a la Presidencia y Vicepresidencia a los doctores Aniceto Arce y Luís Paz, respectivamente. Sin embargo del esfuerzo partidario en las justas electorales, gracias al fraude y la irregularidad, resultó victorioso de aquella elección el liberal Ismael Montes.
En el segundo período de Montes, sufrió agresiones, persecuciones y toda suerte de violencia contra su humanidad.
Ante tanta saña y abuso político, la oposición decidió conformar el Partido Republicano, coalición que inició su conformación en diciembre de 1914 en Oruro, bajo la presidencia del Dr. Daniel Salamanca. La segunda reunión se celebró en la ciudad de La Paz en 1916, a la cabeza del General José Manuel Pando. La tercera convención realizada en 1919, fue presidida por el Dr. Luís Paz, como jefe del Partido Constitucional.
Durante el gobierno liberal de Dn. José Gutiérrez Guerra, el Dr. Luís Paz fue elegido Ministro de la Excelentísima Corte Suprema de Justicia para el período 1920 a 1930. Fue elegido por el Congreso mayoritariamente liberal y ratificado por el Poder Ejecutivo que apoyó la elección con alborozo.
El doctor Luís Paz decidió aceptar dicha elección admitiendo implícitamente la renuncia a la jefatura de su partido.
La segunda convocatoria del Poder Judicial a su persona fue por fin aceptada y desde ese momento dedicó su vida a la administración de la justicia desde la más alta jerarquía jurisdiccional del país. Fue elegido presidente desde el principio de su carrera en 1920, habiendo concluido su gestión intempestivamente en octubre de 1928 cuando se produjo su fallecimiento.
Es preciso resaltar que el Dr. Paz fue elegido Vicepresidente de la República por la Convención Nacional en 1921, cargo al que renunció para continuar como Ministro y Presidente de la Corte Suprema.
Me he permitido brindar a ustedes el recorrido cronológico de la vida multifacética de Dn. Luís Paz hasta 1920 y me detengo justo en el momento de su ascensión a Ministro Supremo de Justicia para ofrecer la trayectoria del jurisconsulto, del hombre de leyes, del juez probo. Durante los ocho años de su gestión presidencial, elevó el sitial de la Corte Suprema de Justicia, consiguió consolidar a la Corte como cabeza de un verdadero Poder del Estado. Su egregia figura daba prestancia al Supremo Tribunal.
Desde el momento de su elección como presidente del Tribunal Supremo, la historia guarda cada uno de sus discursos en la apertura de los años judiciales que le cupo desempeñar como máxima autoridad. En cada una de sus alocuciones destaca su apego a la escuela hegeliana del Derecho. En 1920, cuando por primera vez la palestra judicial deja escuchar su voz, sentencia:
“La inauguración constitucional de la Corte Suprema es un paso notable en el principio fundamental de nuestra forma republicana que descansa y se desenvuelve en la independencia de los tres altos poderes del Estado, que ejercen la soberanía delegada. En el juego armónico de las instituciones se recomienda, con particular importancia, el régimen y disciplina del ramo judicial que, consecuente con el principio de separación e independencia de los altos poderes del estado, sin relajar su ligazón imprescindible para la unidad del gobierno, sirve de garantía suprema a la libertad”.
En el mismo discurso señala lo siguiente:
“Los principios del derecho público moderno, han dado al Poder Judicial el rango de un poder político regulador de los demás poderes, con doble autoridad de protector de los ciudadanos, sirviendo de escudo de sus libertades y de apoyo a los gobiernos, en la esfera de su derecho…La Corte Suprema de Justicia, sin salir de sus atribuciones de juzgar y de conocer en los recursos de nulidad, conforme a las leyes, fallando al mismo tiempo sobre la cuestión principal, ensancha su campo de acción como poder político. Ya no es un simple tribunal de recursos de nulidad y de casación, para dirimir las controversias privadas, sino que tiene también una acción eficaz en el régimen legal, garantizando la libertad, armonizando las relaciones del poder social con el individuo, siendo el guardián de las garantías y el custodio de la Constitución. Ley fundamental contra cuyas prescripciones no puede atentar ningún poder”.
El discurso de la apertura del año judicial de 1922, ofrece igualmente palabras de gran enseñanza y muy valiosas para la coyuntura actual, manifestaba:
“Nunca está demás el recuerdo de las primeras nociones del derecho constitucional para fijar el verdadero sentido y los alcances de las atribuciones que la Constitución confiere a los tres altos poderes. La independencia de éstos es la condición indispensable para su debido desenvolvimiento y tal condición no puede existir desde el momento en que uno de ellos se proponga invadir las facultades de los otros. El legislativo sanciona las leyes, preceptos de carácter general y obligatorio para todos; el ejecutivo vigila y facilita su cumplimiento expidiendo los reglamentos, órdenes o resoluciones, también generales; el judicial aplica la ley a controversias concretas, a casos particulares y litigiosos; sus decisiones no son generalizadas en sus alcances porque no dañan, no aprovechan ni obligan sino a los que han ocurrido ante sus estrados en demanda de justicia y a los que derivan de ella sus derechos”.
En 1923 terminaba su discurso con estas valiosas palabras:
“La paz pública es la fuerza de los Estados; sin orden no hay garantías ni pueden ejercitarse las libertades políticas ni los derechos civiles. La demagogia solo produce el trastorno que amenaza toda libertad y todo derecho y ahuyenta a la justicia…Tengamos fe en que la justicia será el fundamento inconmovible de la paz….”
En 1924, a tiempo de reconocer que estaba aún lejos de la realidad la perfecta independencia del Poder Judicial, decía:
“Se exige como condición obligada la abstención política de los empleados del ramo judicial; pero partiendo siempre del falso concepto de la política estrecha y de personas que es la que debe recibir el anatema de toda conciencia honrada. Con esa idea servil y abyecta que degrada y envilece, creen los unos que toda la política está concentrada en el gobierno que manda y reparte los empleos y los sueldos y a cuya voluntad y aun a las indicaciones e influencias de sus agentes debe estar sujeta la justicia; mientras que los otros sostienen que la independencia y la dignidad del juez consiste en mostrarse rebelde y hostil a las autoridades políticas, provocando desacuerdos y levantando la bandera de las facciones….Ni con el gobierno ni contra el gobierno, siempre con la justicia; tal es el concepto que tenemos de la dignidad con que deben guardar su independencia los funcionarios judiciales en las contiendas apasionadas de los partidos…En este sentido, el Poder Judicial no puede prescindir de la política, tomada en su legítima acepción, con la que tiene que rozarse como poder político. Trabajemos por ella, por la política de principios que consagra la Ley Fundamental del Estado, tomándola en su raíz, fundándole cimiento, teniendo en cuenta los intereses permanentes del país para que cada funcionario de la justicia sea dueño de sí mismo, viva libre de temores y desempeñe con dignidad e independencia las funciones que le encomienda la ley. Solo así encontrarán los poderes legislativo y ejecutivo, como los ciudadanos de todos los partidos, la garantía de que ninguna fuerza, ninguna intriga, ninguna corrupción o privilegio puede perturbar el poder inalterable de la justicia”.
En 1925, año del centenario de la independencia de la República, el Dr. Luís Paz participó de la recepción oficial de homenaje que brindó el entonces Presidente de Bolivia, Dr. Bautista Saavedra. De aquel histórico acontecimiento, conviene destacar parte del discurso de circunstancia que brindó el presidente del Supremo Tribunal de Justicia, Dr. Paz Arce:
“Durante 15 años lucharon nuestros padres por la independencia y la formación de esta Patria. Las provincias del Alto Perú, que fueron las primeras en dar el grito de libertad de la América del Sud, fueron las últimas en constituirse en Nación independiente, que es el grande acontecimiento que conmemoramos…en esta Capital de la Real Audiencia, Metrópoli eclesiástica del virreinato, aula consagrada por la fama de su Universidad, atalaya en la administración pública en el Alto Perú, que durante siglos tuvo las preeminencias todas de una verdadera señora de las provincias; en esta Capital de los Charcas en la que se dio el famoso grito de libertad el 25 de mayo, es también donde se suscribió y proclamó el acta de nuestra independencia, que constituyó la república de Bolivia. Esta Capital es la ciudad amada y común de todos los bolivianos. Aquí palpita el espíritu colectivo americano y se deslizan las corrientes de nuestra historia. Recuerdos de esas tradiciones que son el alma de nuestra emancipación política…”
En 1926 y enero de 1927, el Dr. Luís Paz anunciaba las preparaciones de la Corte Suprema para celebrar el centenario de su creación.
En la celebración del centenario de la Corte Suprema de Justicia, el 16 de julio de 1927, el Dr. Luís Paz brindó un magnífico discurso del cual recojo estas sabias palabras:
“Cumple hoy un siglo de vida este Supremo Tribunal que a través de las accidentales variaciones de su organización y de las convulsiones que han agitado al país, no se ha apartado de su altísima misión, ni ha invadido ajenas atribuciones, ni ha participado de las luchas políticas que enardecen a los ciudadanos hasta la exaltación y el rencor…la armonía social depende del juego regular de las instituciones y la Corte Suprema que es la expresión más alta del Poder Judicial, tiene en consecuencia una misión de la mayor importancia como juez máximo encargado de aplicar la Constitución y las Leyes. Es así cómo se ha dejado sentir la benéfica influencia del Supremo Tribunal en su labor de cien años en protección de los intereses individuales y colectivos y en el sostenimiento de la estabilidad de nuestras instituciones democráticas….Señores: Honor y Gloria al inmortal Sucre y a la Corte Suprema de Justicia, con la que coronó la vida institucional de la República”.
Enfermo el Dr. Luís Paz, en enero de 1928, brindó una breve alocución. Sin embargo, como anunciando su despedida, cierra el discurso con este mensaje:
“En este día clásico en que nos reunimos para dar cuenta de nuestros actos y recordamos nuestros deberes jurados, desde la más alta tribuna de la magistratura judicial, saludo a las Cortes de Distrito y a todos los jueces, dándoles mi palabra de aliento y pidiéndoles perseverancia y resignación en el puesto de sacrificio que ocupan, rogando al Dios de la Justicia que los proteja y los mantenga firmes en el deber”.
Así concluyo esta sentida reseña que, profundamente espero, haya logrado alcanzar diseñar la célebre personalidad de quien tiene en su haber una amplia gama bibliográfica que lo sitúa como historiador, político, publicista y periodista, diplomático, profesor, literato, académico, doctrinario del Derecho y ejemplar creyente.
A nombre del Poder Judicial de Bolivia, agradezco profundamente a las diferentes instituciones que nos han hecho conocer su adhesión para rendir este homenaje, a la Casa de la Libertad en la persona de su magnífico Director Lic. Mario Linares Urioste, que nos obsequia un concierto musical para realzar este acto.
A la H. Alcaldía Municipal de la Ciudad de Tarija y el Cercado, en la persona de su Sr. Alcalde Municipal Ing. Oscar Montes Barzón, por asegurarnos la construcción de un gran monumento a Dn. Luís Paz, que se entronizará en el Salón que desde hoy llevará su nombre.
Lo propio a la Prefectura y Gobernación del Departamento de Tarija, en la persona del Sr. Prefecto Dr. Mario Cossio Cortéz, por el ofrecimiento de una gran estatua destinada a Dn. Luís Paz que se ubicará en el frontis del edifico de esta Corte Suprema de Justicia.
Al Gobierno Municipal de Sucre, en las personas de su alcaldesa Lic. Aydée Nava Andrade y Fidel Herrera Resini, H. Alcaldesa y Presidente del H. Concejo Municipal, por haber hecho realidad el cambio de nominación de la calle Pilinco, por el ilustre paladín de la justicia boliviana Dn. Luís Paz Arce.
A los familiares y amigos de Dn. Luís Paz, por honrarnos con su grata e ilustre presencia.
Finalmente y para elucidar el porque realzamos el nombre de un antepasado como Dn. Luís Paz, permítanme hacer público un pequeño espacio de nuestro intercambio epistolar con los Sres. Jueces del Distrito Judicial de Tarija, ellos me transmitían su profunda aflicción por la forma como se aprobó el proyecto de constitución en nuestro país y la falta de respeto al Estado de Derecho, destacando que el país “…se mueve exactamente en sentido inverso a donde se dirigen todos los países cultos y desarrollados…”; al respecto les respondí que en estos momentos de la historia que nos toca vivir, nos corresponde enaltecer los valores que nos dejaron nuestros mayores, en especial el ejemplo de Dn. Luís Paz, les decía que “…debemos conjugar nuestro accionar con la admiración que les debemos a nuestros antepasados, con la firme convicción que una sociedad no se construye ni engrandece negando las virtudes de sus antecesores, sino recogiendo lo mejor de ellos y teniendo la capacidad de interpretar inteligentemente el presente, para proyectarse hacia un mejor futuro para todos, sin exclusiones de ninguna naturaleza.”
Además, con firme convicción les manifestaba que “Debemos admitir que toda sociedad se encuentra sujeta a cambios en el decurso de su historia, transformaciones que para ser positivas, deben producirse con la racionalidad que la lógica manda, evitando pecar de iconoclastas adscritos a un cambio por el cambio, como si las anteriores generaciones no hubiesen hecho nada para el progreso de nuestra sociedad; al respecto el pensamiento de un iusfilósofo de la talla de José Ortega y Gasset, nos aconseja que - El progreso no consiste en aniquilar hoy el ayer, sino, al revés, en conservar aquella esencia del ayer que tuvo la virtud de crear ese hoy mejor. -”
Por todo ello, hoy, el magnífico ambiente que denominábamos “De los Espejos”, llevará con justicia el nombre del gran jurisconsulto boliviano Dr. Luís Paz Arce.
Muchas gracias.